viernes, 18 de abril de 2014

Mis adorables sobrinas



Realmente no pensaba actualizar hoy.




Viernes Santo, con sol, con casi  todo el mundo de vacaciones, y con mi familia cerca, lo de encontrar un momento para hacer  una entrada me parecía tan complicado que lo dejé estar.




Pero están de visita en Oviedo mis sobrinas de Madrid.




Las conocéis de esta entrada que hice cuando se confirmaron. Y no necesito decir que me parecen una maravilla.





Como buena Tía, las encuentro ricas, simpáticas cariñosas y estupendas.




Es lo bueno que  tiene ver crecer a los hijos de tus hermanos.





No están siempre a tu lado, pero aunque no los veas mucho forman parte de ti.




Y desde luego a mí me cae la baba y las enseño a todos los conocidos con esa sonrisa de satisfacción y arrobamiento que nos queda a las tías solteras cuando podemos presumir de sobrinos.




Carmen, la mayor, hace unas fotos estupendas.




Sin tener la técnica y los conocimientos de Julián, la cámara no le da ningún miedo y esta mañana nos fuimos a dar una vuelta, aprovechando el sol.




La Losa estaba menos llena que de costumbre, pero los rayos de sol, le sacaban los colores y el contraste entre el azul intenso del cielo y el verde refulgente de la hierba y las hojas de magnolio, resultaba espectacular.




Allí nos pusimos mano a mano, muertas de risa.
Yo tirando de la falda que se empeñaba en remangarse más de la cuenta.





Y ella pendiente de los encuadres y del manejo de una cámara que no es la suya.





Para ser la primera vez que hacemos una sesión juntas quedé encantada  y ya le dije que va a tener que venir más a menudo porque el rato no pudo resultar más agradable.






Fotos: Carmen Fernández Márquez.


Chaqueta: Stradivarius.
Camisa: Zara.
Falda: H&M
Zapatos: Zara ( del verano pasado)
Clutch: Uterqüe

miércoles, 16 de abril de 2014

El estilo de la calle en Oviedo


El miércoles pasado estaba tan mala que no pude publicar, pero el anterior había empezado una sección nueva con fotos hechas por mí en la calle.



La idea es enseñar cómo se viste en Oviedo, la moda en la calle que yo veo y con la que me encuentro cada día.




Ayer salí con mi sobrina que pasa unos días conmigo a buscar modelos que se dejaran fotografiar.




Antes de nada nos dimos una vuelta por Camilo de Blas que este año celebra su primer centenario y presume de tener la misma decoración de 1914. 



Un toque dulce, a pesar de los enemigos del azúcar, parece que anima a encontrar mejor la vida.



Las caras de sorpresa y las reacciones de las personas son de lo más diverso y en general divertidas.




Pasan de quien te mira con ojos horrorizados y te asegura que por nada del mundo saldría en un blog.
Hasta quien lo encuentra simpático y agradable.



En algún caso como esta chica de abajo, que estaba en una terraza con un grupo de amigos, el club de fans la jaleaba mientras ella trataba de mantener la compostura.



En otros, el marido también se apunta a salir,  feliz de la vida.



La mayoría argumentan que son muy poco fotogénicos, pero no ponen mayores pegas.

Y en otros casos me piden que los saque de forma que no se les reconozca demasiado bien.



Soy muy desorganizada y todavía voy a salto de mata, con lo que estas fotos son las que pude conseguir ayer en un rato a mediodía, por eso la mayoría están en terrazas, pero la idea es empezar un album amplio que represente el estilo de una ciudad que siempre tuvo fama de buen gusto.


Fotos: El Capricho de Marqueza.


lunes, 14 de abril de 2014

Normalidad



A veces recuperar la normalidad es toda una alegría.



Volver a encontrarnos con las rutinas que constituyen nuestro día a día, repetir esos movimientos que muchas veces nos parecen cansados y aburridos, nos da seguridad y nos permite avanzar con rapidez.


Por eso cuando salimos de nuestro entorno, o cuando recuperamos la salud después de una enfermedad, decimos aquello de: “hogar, dulce hogar”
 O simplemente nos limitamos a disfrutar de la maravillosa sensación de sentirnos bien.


Porque si bien es cierto que la monotonía, parece que nos amarga la vida y que las incursiones por territorios extraños, desatan la adrenalina, nos ayudan a aprender nuevas fórmulas y nos enseñan formas de vida diferentes.


Lo cierto es que la sabiduría del refranero nos cuenta aquello de que “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”


A medida que vamos cumpliendo años, aprendemos a  fijarnos más en lo que nos rodea,  a valorar lo que tenemos y a disfrutar con ello.


La cima del Himalaya es apasionante y las paradisíacas playas de Maldivas un deleite para los sentidos, pero a veces la oportunidad nos hace apreciar doblemente lo que tenemos.


Y nos sentimos felices mirando la hierba, o sentándonos tranquilamente en el porche de casa.


Nos alegran las cosas más pequeñas y el simple hecho de poder disfrutar con los nuestros, transforma el más sencillo lugar en el mejor de los paraísos.


Y para esos días normales, para esos ratos estupendos y de disfrute, nada mejor que una vestimenta normal.




Vaqueros, trenca, jersey de rayas… azul marino y rojo.




Una combinación que se repite de mil maneras y cada año vuelve a nuestro armario con la primavera. 
Porque nos gusta y nos hace sentir bien, porque forma parte de nosotros a base de acompañarnos tantas veces. 




¿Cuál es vuestra combinación favorita para días normales?



Fotos: Julián Herrero.


Vaqueros: Zara.
Bolso: Zara.
Zapatos: Zara
Jersey: Sfera.
Trenca: Primark.
Pañuelo: Vintage.
Collar. Mercadillo.
  

jueves, 10 de abril de 2014

Lunares




Ahora se llaman topos, pero como yo tengo ya unos años sigo prefiriendo el nombre de siempre y sigo mirándolos como si fueran la tela obligada del traje de flamenca





Y ya sé que los de ahora no llevan casi nunca esos redondeles idénticos y simétricos que de pequeñas nos hacían soñar porque representaban  zapatos de tacón  y vestidos de volantes con los que nos sentíamos nuestras propias heroínas.




Pero cuando los veo, y no digo nada cuando me los pongo, me parece que en cualquier momento me voy a arrancar por sevillanas, por bulerías, por soleares o por lo que se tercie.




Que para algo tengo sangre andaluza en las venas y a los dieciséis años recitaba de memoria medio romancero gitano.




Los lunares me recuerdan tardes de verano,  calles blancas y empinadas que al final del día se llenan de sillas y de gentes que salen “a la fresca”.



Me huelen a jazmines y  me suenan a risas y a fuentes que cantan risueñas al ritmo de los chorros que rebotan sobre las piedras.




Me saben a aceitunas, a manzanilla, a gambas y a “pescaito” frito.




En mi oído tienen tintineos de pulseras que chocan entre sí, de crujir de telas almidonadas que se mueven al andar.






Los lunares casan con guitarras en la memoria como la de Paco de Lucía o el Maestro Tárrega cuando nos hacía escuchar sus tardes en la Alhambra.


Lunares para el buen tiempo, para la alegría, para disfrutar.




O también, como en este caso, lunares que se visten de seriedad, que acompañan a ropa oscura y le dan ese punto de vida sin el que sería horriblemente aburrida.






Lunares y colores vivos contrastando, haciendo vibrar.




Destacando frente a la monotonía y la oscuridad del invierno.




Nota: Sé que últimamente publicaba lunes, miércoles y viernes, pero llevo tres días con una gastroenteritis que me tiene del revés y ayer no fui capaz de entrar en ningún blog, ni siquiera en el mío. Mil perdones 



Fotos: Julián Herrero



Cuerpo de lunares: Zara (Nueva Temporada,aquí )
Pantalón: Zara ( similar aquí )
Bolso: Regalo.
Pulseras finas: Parfois.
Pulsera ancha: Feria de Muestras de Gijón de hace dos años.
Sortijas: Mercadillo navideño