viernes, 19 de septiembre de 2014

Lalique



Hay nombres que sólo con escucharlos te transportan a lugares de ensueño; a situaciones en que te sientes protagonista absoluta; a otras épocas y otras formas de vivir.


Lalique es uno de ellos.


En Wilkipedia, describen a su portador, René Lalique como un creador de gran éxito dentro del arte modernista (Art Nouveau y Art Déco)  y explican que “La fábrica que fundó funciona todavía (es muy popular por sus perfumes) y el apellido Lalique ha quedado asociado a la creatividad y la calidad, con diseños tanto fastuosos como discretos.”


Desde mi adolescencia, estaba grabado en mi mente como un símbolo del buen gusto y el lujo


Siempre lo había asociado a cristal y a exquisitez.


Sabía que se trataba de un artista capaz de transformar algo cotidiano e incluso vulgar en un objeto sublime y deseable.


Quizá por eso cuando visité la exposición que sobre él tenían en el Museo Gubelkian, me quedé extasiada ante sus creaciones y no paré de hacer fotos y más fotos.


Una escultura maravillosa, siempre se reconocerá como arte.


Posiblemente un gran espejo cuyo marco semeja a una enorme serpiente, tampoco tenga mayor problema para entrar en esa categoría que separa lo normal de lo extraordinario.


Pero conseguir que una cabeza de gallo, o un grupo de serpientes, se conviertan en objeto de deseo, sólo lo consigue un gran artista.


René Lalique lo era.


Diseñó frascos, botellas, adornos femeninos como cinturones, broches, diademas, collares.


Estoy segura de que las afortunadas mujeres que en su día los llevaron se sentían especiales y diferentes.
Cómo me sentí yo sólo con verlos expuestos.


Me gustaron tanto que decidí compartirlos en el blog, como una muestra más de que moda y arte pueden ir unidos   




Fotos: Marquez@